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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

Recursos Escuela Sabática 

I Trimestre de 2008 

Libro Complementario 
Ideas prácticas para el discipulado 



Más instrucciones 
para el discipulado 



El delta del río Godavarí, en el sur de la India, es muy conocido por 
su fertilidad. En la primera mitad del siglo XIX, era un área in- 
fructífera, como muchas otras partes del vasto subcontinente de la 
India. Entonces, Sir Arthur Cotton, un ingeniero cristiano, puso en 
práctica un plan de irrigación. Construyó un dique en Dowlaishwaram, a orillas 
del río Godavarí, y cavó canales para llevar el agua dulce a todas partes del del- 
ta. El río llevó el agua que el cielo enviaba de arríba; los canales llevaban el 
agua a todas partes del distríto, y toda la región llegó a ser sumamente fructífe- 
ra. ' 

Así como la tierra llega a ser fructífera por su conexión con un canal ligado a un 
dique vinculado con un río, un discípulo que está conectado con el evangelio, que 
está unido al "Agua de vida", que está vinculada con Dios, será fructífero. O, 
para tomar la imagen del Evangelio de Juan, para llevar fruto, un crístiano -un 
pámpano- debe estar conectado con la Vid, Jesús (Juan 15:4). 

Confrontaciones en Galilea (Juan 6:22-65) 

Algunas de las instrucciones de Jesús acerca del discipulado resultaron de con- 
frontaciones con los que querían el beneficio del discipulado sin el trabajo sa- 
crificado que lo acompaña. Juan 6:22 al 65 es un ejemplo de uno de esos even- 
tos de confrontación. Dice cómo las cinco mil personas que experimentaron la 
milagrosa alimentación con cinco panes y dos pescados querían hacer rey a 

' A. Naismith, 1200 Notes, Quotes, and Anecdotes (Londres: Pickering e Inglis, 1963), pp. 75, 76. 
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Jesús, por la fuerza. Razonaron que Jesús había demostrado el poder n 
para derrotar a sus enemigos, proveer sustento físico y aun sanar a sus heridos. 
Jesús respondió despidiendo a la multitud, enviando a los discípulos al otro la- 
do del Mar de Galilea para calmar su enojo, y se fue a las montañas. Entonces, 
hizo un segundo milagro al caminar por el agua para unirse a los discípulos en 
la barca y calmar el mar tempestuoso. 

Al día siguiente, cuando las multitudes encontraron a Jesús del otro lado del 
mar, le preguntaron cómo había llegado allí. La respuesta de Jesús no contestó 
su pregunta pero abordó el tema que estaba en suspenso. Les dijo que no lo es- 
taban buscando por causa de los milagros que habían visto sino por causa de la 
comida que los había satisfecho. Luego los exhortó a trabajar no por el pan que 
se echa a perder sino por el que perdura para vida eterna. 

La gente, entonces, le preguntó cómo podían hacer las obras de Dios. Jesús les 
dijo que podían hacerlo al creer en aquel a quien Dios había enviado. Ellos le 
pidieron una señal milagrosa para fortalecer su comprensión, ya que el maná en 
el desierto actuó de ese modo para sus antepasados. Tal vez le pidieron otro mi- 
lagro porque querían más alimento milagroso para satisfacer su ansia carnal, así 
como su curiosidad. Sin embargo, los verdaderos discípulos siguen a Jesús no 
por razones materiales ni por curiosidad. Lo siguen por causa del compromiso 
y el amor por el Señor, y por la Palabra de Dios. Lo que Jesús le dijo al demo- 
nio es apropiado aquí: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra 
que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4). 

En respuesta a la sugerencia de ellos de que el maná sirvió como una señal mi- 
lagrosa a sus antepasados, Jesús les dijo que era Dios, y no Moisés, el que les 
había dado el pan del cielo. Jesús dijo que el verdadero pan es aquel que viene 
del cielo y da su vida por el mundo. La gente, entonces, le pidió ese pan, y 
Jesús les dijo que él era el Pan de vida, y los que venían a él nunca tendrían 
hambre otra vez. 

El conocimiento que tenía la multitud acerca de los antepasados de Jesús llegó, 
entonces, a ser una piedra de tropiezo, al estorbar su capacidad de aprender. 
Siendo que ellos pensaban que sabían quiénes eran su padre y su madre, co- 
menzaron a preguntarse cómo podía él decir que había venido del cielo. Los 
verdaderos discípulos miran más abajo de los temas superficiales, a los más 
profundos, y reconocen que no pueden seguir siempre sus propias ideas. Reco- 
nocen que, como dijo Alexander Pope, "un poco de conocimiento es algo peli- 
groso". Por lo tanto, ellos procuran aprender lo que Dios les enseña en las lec- 
ciones que les envía. Las personas en Galilea ese día no lo hicieron, de modo 
que perdieron lo que Dios quería enseñarles. 

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Mientras Jesús les hablaba del verdadero significado así como del significado 
de la metáfora que él usó, ellos se ofendieron. Otra vez rehusaron mirar por de- 
bajo de la superficie, para ver cómo Jesús estaba usando lo conocido con el fin 
de enseñarles lo desconocido. En cambio, preguntaron: "¿Cómo puede este 
hombre darnos su carne para comer?" Esto muestra claramente que no com- 
prendieron. 

Jesús usó esta oportunidad para enseñar una lección acerca de la iniciación en 
el discipulado (Juan 6:44-47). Note también los versículos 48 al 51, donde 
Jesús repitió la metáfora del pan. ¿Qué impacto tuvo esto sobre los judíos, y 
qué pregunta hicieron? Jesús no se retiró sino que intensificó el drama, al aña- 
dir que no solo debían ellos comer su carne para tener vida, sino también tenían 
que beber su sangre. 

Los judíos vieron a Jesús como un banco de comida. El procuró enseñarles que 
era más que eso: él era el pan mismo. Jesús sabía las enseñanzas judaicas acer- 
ca del pan y de la alimentación de Israel en ocasión de la venida del Mesías, de 
modo que dijo que sus antepasados comieron pan del cielo en el desierto y mu- 
rieron, pero que los que comían el pan que él ofrecía, vivirían para siempre. 

Cuando algunos de los discípulos oyeron esto, comenzaron a murmurar y a 
hablar entre sí. "Dura es esta palabra", dijeron con tono de queja (versículo 60), 
y algunos abandonaron su discipulado. El original en griego dice realmente que 
ellos se fueron a espaldas de él y no caminaron más con él. 

Note la clarificación que hace Elena de White acerca de la intención de Jesús al 
hacer esa declaración: 

"Comer la carne y beber la sangre de Cristo es recibirlo como Salvador perso- 
nal, creyendo que perdona nuestros pecados, y que somos completos en él. 
Contemplando su amor, y espaciándonos en él, absorbiéndolo, es como llega- 
mos a participar de su naturaleza. Lo que es el alimento para el cuerpo, debe 
serlo Cristo para el alma. El alimento no puede beneficiarnos a menos que lo 
comamos; a menos que llegue a ser parte de nuestro ser. Así también. Cristo no 
tiene valor para nosotros si no lo conocemos como Salvador personal. Un co- 
nocimiento teórico no nos beneficiará. Debemos alimentarnos de él, recibirlo 
en el corazón, de tal manera que su vida llegue a ser nuestra vida. Debemos 
asimilarnos su amor y su gracia". 



Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 353. 

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De acuerdo con Juan 6:66, ¿qué efecto tuvieron las palabras de Jesús sobre 
algunos de sus discípulos? ;.Qué deben hacer los discípulos de hoy para evi- 
tar cometer el mismo error? ¿De qué modo Pedro muestra el camino? (Juan 
6:67-69.) 

Los niños y el discipulado 

(Marcos 9:33-37, 42-50; 10:13-16) 

Las disputas acerca de la superioridad y el dominio no son nuevas. Los discípulos 
de Jesús las experimentaron. Una de esas discusiones sucedió después de una de 
las predicciones de la pasión de Jesús. En camino a Capernaum, los discípulos 
discutieron acerca de cuál de ellos era el mayor (Marcos 9:33,34). Ninguno de 
ellos mostró ser insensible, pero mostraron la poca comprensión que tenían de 
los principios de la humildad y el amor, requisitos clave para el Reino de Jesús. 

Cuando el grupo llegó a Capernaum, Jesús les preguntó acerca de la disputa por 
el camino. Sabiendo que su conversación era contraria a las enseñanzas de Jesús, 
se quedaron en silencio. Jesús, entonces, les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, 
será el postrero de todos, y el servidor de todos". Les comunicó que cualquier 
discípulo que se centra en ser el primero y que se ocupa de rivalidades acerca de la 
primacía, ha pasado por alto todo el objetivo del discipulado. Les estaba dicien- 
do que la humildad y el amor son los principios fundamentales del compañe- 
rismo que él procuraba establecer, que eran indispensables para el discipulado. 

Jesús enseñó que hay una mutualidad acerca del discipulado que es inevitable. 
Requiere que cada discípulo haga avanzar la causa del otro, no su propia causa in- 
dividual. El discipulado no ofrece preferencias, sino que entrega obligaciones. 
Esto significa que, aunque ser un discípulo es un privilegio, los discípulos no 
son llamados para tener privilegios. Además, con el privilegio viene la responsa- 
bihdad. 

Para ilustrar lo que él quería decir a los discípulos, Jesús usó una parábola ac- 
tuada, con la ayuda de un niño. ¿Hay cualidades en los niños que corresponden 
también a los discípulos genuinos y al discipulado? Sí, son dignos de notarse la 
suavidad, el perdón, la sinceridad, la confianza, la sumisión y la humildad, carac- 
terísticas de los niños que también caracterizan al discipulado. Por medio de 
sus acciones, Jesús invitó a sus discípulos a abrazar estos rasgos y a usarlos para 
edificar su discipulado. El comentarista Matthew Henry observó: "Los más 
humildes y abnegados son los que más se parecen a Cristo [...]. Los que tienen 

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una disposición humilde, mansa y suave son tales que yo los haré míos y los 
aprobaré, y también lo hará mi Padre". 

Los versículos 42 al 50 extienden este significado. Los niños están entre los se- 
res humanos más vulnerables e indefensos. Jesús dice que "cualquiera que haga 
tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase 
una piedra de mohno al cuello, y se le arrojase en el mar" (Marcos 9:42). No solo 
los niños son ejemplos de lo que abarca el verdadero discipulado, sino también 
están entre los más indefensos, a quienes los verdaderos discípulos deben prote- 
ger. Para el discipulado contemporáneo, los indefensos incluyen a los nuevos 
creyentes que son bebés en Cristo, a quienes se les debe hacer lugar para desarro- 
llar su discipulado. 

Marcos 10:13 al 16 demuestra que, a pesar de estas advertencias e instruccio- 
nes, los discípulos no entendieron el punto. Algún tiempo después de este even- 
to, los padres trajeron niños a Jesús para que los bendijera. Los discípulos los 
reprendieron. Cuando Jesús lo supo, se indignó, y les dijo a los discípulos: "De- 
jad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de 
Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no 
entrará en él" (Marcos 10:14,15). 

Este pasaje muestra que Jesús defendió a los niños y a sus padres. Dos veces 
los usó como modelos en su instrucción. Para él, la verdadera grandeza se en- 
cuentra en la actitud de un niño. Hay también, aquí, una lección vahosa para los 
discípulos contemporáneos. 

Jesús mostró que los niños poseen las cualidades que son esenciales para el 
discipulado. Apoyémoslos y aprendamos de ellos mientras recorremos el 
camino del discipulado. 



Fracaso al pie de un monte 

Mateo 17:1 al 13 presenta la transfiguración de Jesús. Pedro, Santiago y Juan 
acompañaron a Jesús al monte, donde vieron a Moisés y a Elias. Lo que vieron 
los asombró tanto que Pedro quería construir chozas sobre el monte. Durante la 
teofanía, una voz celestial identificó a Jesús como el Hijo amado de Dios y les 
dijo a los discípulos que debían escucharlo. 

' Matthew Henry, Comentario bíblico, p. 1233. 

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Después del encuentro con la voz celestial, el centro del ministerio de Jesús 
cambió. Los evangelios sinópticos muestran una reducción en el énfasis sobre 
los milagros y un fortalecimiento de la enseñanza. Las palabras de la voz celestial 
implican que el verdadero discipulado involucra más que apenas mirar al Maestro 
y sus acciones. También implica escuchar sus palabras. ¿Cómo se aplica esto al 
discipulado, especialmente lo que a escuchar concierne? 

De acuerdo con Mateo 17:9, el discipulado también requiere confianza y la ca- 
pacidad de mantener la confianza. Cuando Jesús y los discípulos descendieron de 
la montaña, él los instruyó para que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta 
que resucitara de los muertos. Jesús no quería una revelación prematura de lo 
que había sucedido, de modo que les pidió que guardaran el secreto. Esto de- 
muestra que el discipulado involucra la recepción de información que no es para 
consumo masivo o distribución, viendo cosas que otros no pueden ver y nunca 
verán, y la capacidad de mantenerla en confidencia. Los discípulos son personas 
responsables y dignas de confianza. 

Mientras Jesús y los tres discípulos estaban sobre el monte, un padre trajo a su 
hijo, que experimentaba ataques, a los demás discípulos para que lo sanaran 
(Mateo 17:14-22). Sin embargo, ellos no pudieron ayudarlo. A pesar de las giras 
misioneras exitosas (Mateo 10), los milagros anteriores y la autoridad que Jesús 
les dio sobre los espíritus inmundos, ellos no pudieron ayudar al niño. Sin duda, 
se sentían fracasados. El padre también debió haberse sentido chasqueado, ya 
que los discípulos habían pasado tanto tiempo aprendiendo de su Maestro, y 
ahora no podían ayudar a su hijo. 

¿Sería chasco, desánimo, derrota o deshonra lo que sintieron los discípulos al pie 
del monte ese día? Como un discípulo, ¿cómo se habría sentido usted? Los 
discípulos más tarde fueron a Jesús en privado y le preguntaron por qué habían 
fallado (Mateo 17:19). En su respuesta, Jesús enunció otras condiciones del dis- 
cipulado. Dijo que el discipulado requiere fe, y la fe es poderosa. Aun un poco de 
fe, como la que representa una semilla de mostaza, puede mover una montaña. 

¿Puede la fe de un discípulo realmente mover algo tan permanente como una 
montaña? Si nada es imposible para los discípulos, ¿cómo exphca usted el fracaso 
que los discípulos a menudo experimentan? ¿Cuál es el remedio para tales fraca- 
sos? 

Marcos arroja una luz interesante sobre este tema. Su Evangelio dice que Jesús 
les dijo: "Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno" (Marcos 
9:29). Esto nos recuerda que la fuente de poder del discípulo no viene de aden- 
tro; viene de Dios, y solo se puede acceder a él con oración y ayuno. 

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La ayuda está siempre a una oración de distancia; por lo tanto, ora, ora, 
ora y ora. 

El discurso del Monte de los Olivos (Mateo 24, 25) 

Deriva su nombre del hecho de que Jesús lo pronunció estando sentado sobre el 
Monte de los Olivos. La admiración de los discípulos por la magnificencia del 
templo de Herodes y la predicción de Jesús de su destrucción generaron el dis- 
curso acerca del fin del tiempo, que siguió. 

Algunos críticos sugieren que el discurso del monte de los Olivos se refiere a 
la caída de Jerusalén, no al fin del mundo. Otros creen que Jesús no podría haber 
hecho las predicciones en el discurso acerca de la caída de Jerusalén, sino que 
debieron haber sido puestas en su boca por los escritores de los evangelios des- 
pués de la caída de la ciudad. Dicen esto porque creen que él no podía conocer el 
ñituro. Este concepto es absurdo. Procura hacer descender los temas divinos al 
nivel de la interpretación humana. 

En el discurso del monte de los Ohvos, Jesús compartió con los discípulos las 
principales señales de su segunda venida (todas en Mateo 24): 

♦ Engaños y falsos mesías (versículos 4, 5). 

♦ Guerras y rumores de guerras, naciones que se levantan contra naciones y 
reinos contra reinos, hambres y terremotos (versículos 6-8). 

♦ *• Persecución, apostasía, traición y odio (versículos 9, 10). 

♦ Falsos profetas, falta de amor debido al aumento de la maldad (versículos 
11-13). 

♦ Falsos cristos y falsos profetas que obran milagros (versículos 23-27). 

♦ El oscurecimiento del sol y de la luna, caída de estrellas y la conmoción 
de los cuerpos celestes (versículo 29). 

♦ •- Condiciones modernas que se parecen a las del período antediluviano: 
comer y beber, casarse y darse en casamiento (versículos 36-44). 

Jesús enseñó a los discípulos que estar preparados es la clave para el Advenimien- 
to. Si los discípulos están preparados, no se comprometerán porque no puedan 
predecir el Advenimiento. Esta, tal vez, es la lección más vital que podemos 
aprender de la experiencia de Noé y los antediluvianos, y de la gente del tiempo 
de la caída de Jerusalén: Debemos prepararnos para la segunda venida de Cristo. 

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El discurso del monte de los Olivos contiene tres parábolas. Note las aplicacio- 
nes para el discipulado que podemos obtener de cada una de ellas. 

Las diez vírgenes (Mateo 25:1-13). Esta parábola enfatiza la necesidad de estar 
preparados para el Advenimiento. Sin embargo, sigue subrayando la preparación 
personal. También nota que la Venida puede demorarse, a pesar de lo cual los 
discípulos deben mantener la fe, poseer el Espíritu Santo y ser vigilantes. 

Los talentos (Mateo 25:14-30). Esta parábola va más allá de la preparación per- 
sonal y captura el pensamiento de la responsabilidad personal durante el período 
anterior a la Venida. Enfatiza que cada discípulo recibe del Maestro dones y ta- 
lentos que debe usar (invertir) para hacer avanzar el Reino y llevar a otros a la 
salvación, por medio del conocimiento de la verdad con respecto al Reino y a la 
venida de Cristo. 

Las ovejas y los cabritos (Mateo 25:31-46). En Palestina, los pastores mantenían 
juntas las cabras con sus ovejas, porque las ovejas tienen dificultades en encontrar 
su camino; las cabras las guían. Sin embargo, en la parábola, las cabras se pierden 
y las ovejas se salvan. La parábola enfatiza los actos del discipulado -tales como 
la misericordia, la justicia social y la defensa- que realizan las ovejas (los seguido- 
res y la gente común) y el descuido de los cabritos (dirigentes y personas "impor- 
tantes"). 

f 

Basado en Mateo 25:31 al 46, ¿puede un verdadero discípulo ignorar la justi- 
cia social? ¿Qué estamos haciendo mi clase de Escuela Sabática, mi iglesia y yo 
para representar al Maestro con respecto a los temas de la justicia social? 



Las predicciones de la Pasión 

(Marcos 8:31 - 9:1; 9:30-32; 10:32-34) 

Cesárea de Filipo marcó un momento de cambio en el ministerio de Jesús. Fue 
allí que Jesús les preguntó a los discípulos cómo lo percibía la gente. Después 
de escuchar lo que la gente pensaba, preguntó a los discípulos cuál era la percep- 
ción de ellos. Pedro respondió que Jesús era el Mesías. Fue esta evaluación co- 
rrecta la que indicó que los discípulos estaban hstos para la siguiente fase del en- 
trenamiento, y Jesús comenzó a predecir eventos que rodeaban su sufrimiento y 
su muerte, que ocurriría en Jerusalén. 

Cuando Pedro oyó hablar de la predicción de la Pasión de Jesús, lo reprendió. La 
respuesta de Jesús sugiere que los discípulos deberían ser cuidadosos para no es- 

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torbar la obra del discipulado dando respuestas impetuosas a temas en los que no 
tienen el conocimiento suficiente. 

Marcos 9:30 al 32 bosqueja la segunda predicción de Jesús acerca de la Pasión. 
Marcos dice que los discípulos no la entendieron, pero que tenían miedo de pe- 
dirle que la explicara. No estaban dispuestos a admitir su falta de adecuación pa- 
ra obtener comprensión. Muchos discípulos siguieron siendo ignorantes porque 
les faltaba conocimiento y tenían miedo de hacer preguntas. Esta no es una ca- 
racterística deseable en el discipulado. Para aprender, hay que hacer preguntas. 
Mientras que algunos maestros ridiculizan a los que las hacen, Jesús estimuló el 
hacer preguntas. Lo mismo harán los maestros genuinos. 

En Marcos 10:32 comienza la tercera percepción de la Pasión. Claramente bos- 
queja los eventos que ocurrirían en Jerusalén. Jesús intentó preparar a los discí- 
pulos; no obstante, ellos siguieron sin comprender. Estas predicciones de la 
Pasión, especialmente las que aparecen en Lucas, parecen describir la Cruz y la 
Pasión como ejemplares para el discipulado. Los discípulos son invitados a to- 
mar sus cruces y seguirlo. Si este es el caso, ¿por qué los discípulos estuvieron tan 
sorprendidos por los eventos y no preparados para la Pasión? Sus expectativas 
preconcebidas del Reino cegaron sus ojos y sus oídos a lo que Jesús les comuni- 
caba. 

Como un maestro modelo, Jesús dio instrucciones para ayudar a los discípulos a 
dominar el arte del discipulado. Como el Maestro, necesitamos aprender a afe- 
rramos a nuestro compromiso y a seguir con confianza, al atrevernos a hacer co- 
sas para Dios. Un verdadero discípulo es uno que conoce que una rama no puede 
existir y tener fruto por sí misma: debe estar unida al árbol o a la vid. En forma si- 
milar, un discípulo no puede llevar fruto sin estar conectado con el Maestro. De 
este modo, quienes deseen experimentar el verdadero discipulado, la conexión 
constante con la Vid no es una opción; es un imperativo. 

Así como los discípulos, ¿dejamos de sintonizar las lecciones de Dios e igno- 
ramos lo que no queremos escuchar? 



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